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Por qué nunca debes talar un árbol
PORQUE SON SAGRADOS
En la concepción cosmológica de los antiguos mexicanos figuraba un árbol en cada uno de los cuatro rumbos del universo y otro en el centro de los mismos. El del oriente era un sauce; el del norte, un nopal; el del poniente, probablemente, una palma real; y, el del sur, un mezquite. En el centro estaba un gran árbol que tenía semejanza con la planta de maíz.
En la mitología maya, en cada uno de los rumbos cósmicos, había una ceiba sagrada, del color correspondiente a cada zona, o sea, rojo en el oriente, blanco en el norte, negro en el poniente y amarillo en el sur.
Un árbol del que brota sangre estaba relacionado, entre los aztecas, con la subsistencia y la procreación. Para los mayas, la ceiba era el árbol santo, madre de la vida (tomado de la Enciclopedia de México).
La verdad sobre el escarabajo descortezador
Pocas especies han sido tan satanizadas como el escarabajo descortezador de árboles. Desde el 2021, al menos en México, ha habido una campaña mediática en su contra. Es tan sencillo como buscarlo en Google para encontrarse con una serie de noticias y textos que lo califican como una plaga incontrolable, despiadada y mortífera; pero este ser, como todos en el universo, tiene una misión especial. Así lo demuestra la literatura entomológica, en particular lo dicho por Robert N. Coulson y John A. Winter, a quienes me permito citar:
La mayoría de los escarabajos descortezadores, en particular aquellos considerados especies plaga, infestan a hospedantes maduros o viejos o árboles que están severamente debilitados o dañados. Dadas estas circunstancias, la principal función atribuida a los escarabajos descortezadores es que crean las condiciones para la sucesión ecológica en los bosques (Entomología forestal. Ecología y control).
En otras palabras, lo que muchos consideran plaga es una sabia creación biológica que, en términos darwinianos, favorece la selección natural. Hay que apuntar también que el escarabajo descortezador tiene sus depredadores, por lo que no se trata de un ser imbatible como lo pintan los medios de comunicación y las dependencias gubernamentales.
Lo más preocupante es el sesgo informativo que se ha creado alrededor de dicho ser. En varios reportajes se le considera hijo del calentamiento global y del cambio climático. Pero esto no es verdad, ya que el escarabajo descortezador siempre ha estado presente en los bosques. De hecho, en los años 70 del siglo pasado tuvo su mayor auge y colaboró con la “destrucción” (sería más apropiado decir “regeneración”) de 50,000 hectáreas en Michoacán y 70,000 hectáreas en el Estado de México y el Distrito Federal (Raúl Rodríguez Lara, Plagas forestales y su control en México, Universidad Autónoma de Chapingo).
Pero más allá de la manipulación informativa se encuentra el mal manejo que las autoridades locales y federales han hecho con los árboles supuestamente infestados por el escarabajo descortezador. La CONAFOR, en su Manual para la identificación, manejo y monitoreo de escarabajos decortezadores del pino establece la siguiente metodología:
1. Derribar el árbol infestado.
2. Fumigarlo o quemarlo.
3. Evitar a toda costa que escarabajos descortezadores escapen de la matanza.
Muchos habitantes de la Ciudad de México hemos presenciado la tala de árboles supuestamente “asesinados” por el escarabajo descortezador y jamás hemos visto el seguimiento de este protocolo, por lo que surgen las siguientes dudas razonables:
1. Que esos árboles en realidad no estaban infestados y que por razones oscuras fueron talados.
2. Que de estar infestados, las autoridades han actuado con negligencia, pues lo único que han hecho es “regar” a ese escarabajo.
Un caso reciente y grave es el de los Viveros de Coyoacán, donde las autoridades de la SEMARNAT hicieron una tala a todas luces inmoderada y colocaron los troncos, supuestamente infestados, a la vera de los caminos que usan corredores y demás paseantes. Aplica muy bien lo establecido en los puntos anteriores para señalar con alarma lo sucedido.
Pero cada día vemos, con mucha tristeza, que esto se replica en distintos puntos de la Ciudad de México y del país. Debido al sesgo informativo, en la psique de muchas personas ha quedado fijo el mensaje de que los escarabajos descortezadores son el verdadero enemigo, cuando, a todas luces, son los particulares, gobiernos locales y hasta instituciones que supuestamente velan por el bien de la naturaleza las verdaderas plagas.